Me mirás, ella te mira a vos. Yo te relojeo, pero sólo eso.
Te acaricia el cuellito; infame, hipócrita; decile lo que pensás de su mano, decile lo que pensás de sus dedos corrugados subiendo por tu pescuezo gordo.
Su vientre inflamado por algo más que años y comida te mira también, desde adentro ¿serás el padre que nunca fuiste?
Acariciala, con cada caricia lavás una culpa, las culpas que llevás desde antes de nacer, desde el día que tu vieja se entregó esperando un poco de cariño ¿y vos por qué te entregaste? ¿por qué lo hizo ella con vos? Seguro no te detuviste ni un minuto a analizarlo… “Mejor no hablar de ciertas cosas” vas a decir, citando lo más profundo que conocés, aunque no entiendas que el que lo dijo escondía mucho más que miedo o ignorancia.
Antes te envidiaba… yo que siempre ando sola o con cualquiera… pero el otro día, cuando mirabas, mirabas con unos ojos de fracaso, con un fracaso grabado en la frente, con una expresión de “las cartas están echadas”, tan difícil de envidiar.
Y yo, yo me voy a casar conmigo misma, está claro, pero al menos voy a ser sincera cuando diga “si, acepto”.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
sos la mejor!
ResponderSuprimirBasta!!! queelmundo leeeaaaleeeaa a Paula Soooooolll!!!
jkajajajajajaj te quiero uds me hacen muy feliz, sepanlo!
ResponderSuprimirbuenisimo, poetiza... me gusta cuando escribe como urgida por la ira, jeje
ResponderSuprimirsaludosss
Con los tapones de punta, Mrs. PS!
ResponderSuprimirbuenísimo
beso
no lo habia leido;! me encantó!
ResponderSuprimirme estoy poniendo al dia!!!