domingo 26 de junio de 2011

Cuando apenas llegás...

Cuando apenas llegás
parecés un extraño
me pongo tímida…

A la media hora, me siento de 15.
Sonrío y te miro de perfil
me acaricias las puntas del pelo
me agarrás de la mano
-no sin dejar de enfatizar en el gesto
que seguro que también te recuerda cosas-

Más tarde ya, nos besamos
con inquietud de amantes de domingo.
Con cada beso es una pregunta
con cada abrazo finjo un enojo
y pensamos si abandonar
el camino certero de la duda.

Ya pasaron algunas cervezas
estamos en tren de confesiones
nos miramos a los ojos
te enojás si no lo hago
me retás si me huelo el pelo
-tengo ese horrendo tic-
y vos que querés una chica femenina
y yo que trato de no tomar del pico
para conquistarte.

A las 5 horas ya se empañaron los vidrios
vos te perdiste en las rayas de mi blusa
y yo dejé de pensar un rato.

Llegó la noche plena
entera
y nosotros abrazados.
Te quejás de que conmigo dormís más
porque te doy calor
porque es re lindo.
Yo adoro las yemas de tus dedos
y tu pecho abierto.

La mañana llega negra
no puedo evitar
volver a la nostalgia
de lo hermoso.
Tu risa es una fogata de camping
y vos que pensás que sufro mal humor matutino...

Llegamos a mi casa
y yo sólo quiero abrazarte..

miércoles 4 de mayo de 2011

Dejarte en silencios

Sábanas frías en marzo.
No quise hacerlo más largo y difícil.
Me callé con la misma suavidad blanca de una camisa de fuerza.

Para no darte importancia, la ignoré con ingenuidad suicida.
Todavía sigue ardiendo, gutural.
Retorcida.
Estoica.
Avanza más allá de los caramelos anesteciantes.
Más allá de pedir tantas, tantas veces silencio por favor…

A oídos mudos.
Palabras afónicas.

Al final, sólo la escuchaban siendo grafemas en la pantalla intermitente.
Su realidad se terminó junto con el formato arial y los emoticones.

Muy pronto, incluso las letras se volvieron angustiosas expresiones.
Las palabras fueron “agróficas”
y perdió su sensibilidad.

Mientras, ella seguía hinchada y latente, como quien espera algo.
Un reconocimiento, tal vez.
Una mirada.
O una tregua.

lunes 21 de febrero de 2011

La nueva

Era morena y flaquita, un poquito más baja y con lindos ojos. Juana y sus hermanos la miraban de lejos día a día. Iban al colegio Jesus Christus del pueblo de Federación y esa nena nueva les llamaba mucho la atención a todos. Juana, de 9 años, compartía con ella sus clases y apenas si la miraba. Hablarle era imposible; en esa escuela apenas si se hablaba español; la nueva no era de las más adaptadas al grupo. Ni siquiera sabían su nombre. Sólo sabían que el color de su piel, de sus ojos y su pelo era muy diferente, era el color de esos nenes que se reían de ellos en el pueblo y les gritaban cosas que no entendían.
La nueva, así pasaba sus días: tratando de aprender a hablar alemán, tratando de poder mirar a alguno de los nenes a los ojos, o en su defecto, a alguna de las monjas celadoras.
Juana si que la miraba, pero no a los ojos, apenas se asomaba por su pupitre y giraba su cuello despacio. Su hermano Isidoro le había dicho que si la nueva la miraba fijo podía hechizarla. Era tan diferente, a Juana le daba miedo pero la atraía con el mismo magnetismo que todo lo que no podía hacer....
Un lunes de vuelta en la escuela Juana empezó a notar que la nueva se sentaba más cerca que de costumbre. Sintió un sudor frío en la espalda, sentía su mirada clavada en sus trenzas rubias y ella que no podía voltearse a mirar... la tenía más cerca que nunca, no cabían dudas. Trataba de escuchar con atención, para poder percibir sus sonidos, su respiración en el banco contiguo. Trataba de olerla, sus compañeritos le habían dicho que la nueva olía diferente, Juana no sentía nada pero su mente imaginaba las fragancias más exóticas. Ya no podía escuchar la clase, era catequesis, Sor Elena le hizo una pregunta y no supo contestar... tomó su alfiler y se dirigió trémula hasta el corazón de almohadilla que representaba al niñito Jesús… Sor Elena la llevó de la oreja izquierda mientras todos sus compañeritos la miraban, atónitos… Juana cerró los ojos y clavó el alfiler… el silencio fue atroz.
Esa tarde nadie quiso sentarse con ella, todos la dejaron sola y la miraron de lejos, sólo la nueva se mantuvo cerca… pero Juana no podía dejar de temerle… sus ojos marrones la seguían donde quiera que fuera. Al salir de clases era viernes, se fue caminando con sus cosas hasta la estación cuando sintió que unos pasitos la seguían, no se atrevió a voltear sabía que era ella. Apuró el paso. Sin embargo la nueva corrió y llegó a su lado… Juana no levantaba la vista de las baldosas grises; estaba aterrada… La nueva comenzó a hablar en un alemán torpe y le dijo: no estés triste, el lunes te ayudo y le sacamos la agujita al corazón de Jesús cuando no nos ven… con miedo, pálida, se atrevió a mirarla y entonces sintió el hechizo; le impresionaron sus pestañas y cejas pobladas, su mirada recta, parecía no tenerle miedo, parecía querer ser su amiga por alguna razón, pese a todo. Juana vio todo eso pero estaba muy cerca de la estación de tren… sintió la brisa de la tarde que empezaba a caer, miró la calle vacía y corrió.
¿Y qué vamos a hacer con las palabras?
Cuando llegue el otoño y se apague el brillo
Brillo que no es realidad
ni utopía
y se opaca al caer el sol

¿Y qué vamos a hacer cuando nos veamos?
Con los mismos ojos que ayer pero distintos
más delgados o pálidos o rozagantes
pero quietos
devuelta en la cama del otro

¿Y qué vamos a hacer cuando aparezca?
Otra mañana o tarde y nos choquen
las hojas
Termina el verano
y llega lo cierto de lo crudo
No sé si tendremos valor para crecer
tan rápido
No sé si habremos sido dos ilusos

Casi niños
esperando lo que no vivieron
Casi ancianos
añorando lo que ya olvidaron

jueves 10 de febrero de 2011

La próxima vez

Dejá en mi espejo un abrazo
para no notar tu falta cuando me miro

Jugá al truco con mis piernas
pero dejame el quiero.

miércoles 29 de diciembre de 2010

Junio

Ayer estuve triste todo el día.
Lloré en el colectivo
con la nariz apoyada en la ventana.
Puse a Aristimuño en el celular
para llorar mejor.

Lloré cuando me fui de tu casa
caminando por la calle.
Camine más que de costumbre.
Era de noche.
Hacía frío.
Todo estaba oscuro.
No veía nada.
Era el escenario perfecto.

Lloré cuando me abrazaron
y me preguntaron
¿qué te pasa?
También cuando me hicieron mimos
en el pecho.

Estaba bueno
sentir
cómo las gotas salían de mi cuerpo
para afuera.
Eran pedazos de mí
que iban fundiéndose
en todos lados.
Vestigios
de que todavía
duelo.

Igual me daba bronca
que vos te enteraras
y te atribuyeras
la responsabilidad
de mi día catártico.

Por eso cuando
hoy me desperté a las 5 am
con dolores profundos,
me acordé de la fecha,
saqué cuentas
y me puse feliz.

No lloraba por vos.
Lloraba por mí.
Por la mujer que soy.

En pelotas

En un mundo donde
todo se mide y
se prueba
donde existen las fechas de caducidad
y los días de devolución.
...Yo me siento
un extraño
que anda
con el alma
en pelotas.

En pelotas
porque decir “desnuda”
sería un eufemismo
innecesario
que no refleja
lo que ella siente
cada vez que
la ponen bajo lupa
la meten en formol
o intentan
mandarle el bisturí
sin anestesia.